Incontinencia anal: el silencio impide un tratamiento eficaz

La continencia o la capacidad para que los esfínteres retengan las heces y la orina es determinante en la calidad de vida, pero el pudor que rodea a la función excretora es la principal barrera para pedir ayuda cuando esa función falla. En especial sucede con la incontinencia anal, un trastorno que se estima en el 10% de la población general, pero del que no se habla lo suficiente en la consulta del médico.

“Un buen tratamiento conservador, con dieta, ejercicio dirigido (biofeedback) y en ocasiones apoyado en fármacos, puede ser suficiente para mejorar la situación en la mitad de los pacientes. Por eso es tan importante que se divulgue este trastorno, también entre los profesionales sanitarios”, afirma Elena Bermejo, de la Unidad de Coloproctología del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo que dirige Elena Martín en el Hospital Universitario de la Princesa, en Madrid. En ello coincide Javier García Septiem, también cirujano en la citada unidad: “Es importante que en la atención primaria, que es la puerta de entrada a la asistencia sanitaria, se conozca que hay salidas para este trastorno, que se conozca el tratamiento de inicio y, en los casos más graves, a qué unidades con especialistas implicados en esta enfermedad pueden derivarse a los pacientes”.

La neuromodulación de raíces sacras es una técnica avanzada empleada en la incontinencia urinaria y la anal. Su eficacia está bien contrastada, aunque se desconocen todas las vías implicadas. Antes se denominaba neuroestimulación, pero se cambió al comprobarse que el paciente mejora no solo por el estímulo eléctrico de las fibras musculares, sino por la modulación de toda la inervación pélvica.

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